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jueves, 29 de enero de 2015

Gacetillero


Cuando yo me soñaba periodista,
cronista, plumilla, gacetillero, 
me imaginaba tomando un largo café 
con un venerable poeta,
de tanto duende como poco dinero,
con una actriz con ideas 
de esas a las que miras 
los ojos y otra cosa,
o cuando la das fuego 
otra cosa y la mirada,

sin los ojos de por medio.
Y pese a mi cultura 
de andar por casa 
escucharía científicos, 
pintores, músicos, 
filósofos y viajeros,
esos hombres con pipa,
aquellas mujeres con sombrero,
gentes que huelen
a modernidad y aeropuerto,
a perfume caro 
y teatro en día de estreno,
que se colocan el dedo en la sien 
y hablan como profetas 
hasta cuando guardan silencio.
Ahora pongo la televisión 
y ahí veo a esos chicos y chicas 
con mis mismos sueños 
a la puerta de un penal 
en el cortijo de un torero 
en la tertulia de braguetas 
o helados de frío 
en mitad de una nevada 
para dar testimonio 
de como cambia el tiempo.

Cuando yo me soñaba periodista,
cronista, plumilla, gacetillero,
y ponía pies a las fotografías 
soñaba con la columna 
de contraportada
con la entrevista de centrales 
o con la necrológica 
de los muertos 
con derecho a esquela 
y a lucimiento de adjetivos 
y medias mentiras
con guiños al lector
para que lea entre líneas. 
Ahora les veo,
corta y pega,
sin alcohol en la redacción,

cambiado el humo por caramelo,
y sin nadie que les anime 
a seguir la pista 
a una intuición 
o a buscar un juego de palabras 
para llamar a las cosas por su nombre
- que se note pero no lo parezca-
y poder comer mañana
y hasta jugar una mano de póquer.

© Mariano Crespo


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