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martes, 10 de septiembre de 2013

Cuando el corazón se acobarda



Ella le susurró al oído:
te quiero.

No me amenaces,
se le pudo entender a él,
mientras huía hacía 
ese barrio llamado Soledad. 

No es fácil la vida en las ciudades
cuando cae la noche
y brillan las navajas de los sentimientos.
Cuando la luna es una emboscada
y no hay guardaespaldas de emociones.

El acordeonista de la esquina
ponía la banda sonora
con una de esas perversas canciones de Adamo. 

Esas que en tiempos más proclives se bailaban. 


© Mariano Crespo




                       
   

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